Un laberinto para perderse en la Ciudadela de Pamplona
Iciar Irurtia Orzaiz
Después de recorrer el mundo durante veinte años, El Laberint aterrizará en Pamplona. El 20 y el 21 de junio, estará en la Ciudadela de Pamplona, para sorprender, despertar la curiosidad, divertir y enganchar. Este año, Rincones y Recovecos Navarra contará con una instalación participativa obra de la compañía Itinerània , una obra que se completa con la participación del público. Hemos hablado con Paco Hernández -la mitad de Itinerània – sobre la estructura transparente, con puertas, imanes y poleas que ocupará el parque de la capital navarra el próximo fin de semana.
Cuéntenos, ¿qué es Itinerània?
Es una compañía formada por dos creadores -Furti Corominas y Paco Hernández- especializados en instalaciones participativas, nos encargamos de su diseño y de su construcción y contamos además con un grupo de técnicos que nos ayudan con el mantenimiento de las instalaciones.
Y, ¿cómo nació la compañía?
Furti y yo nos conocimos en una compañía de instalaciones de un escultor que hace esculturas con materiales reciclados. Allí trabajamos durante cinco años, hasta que en 2006 nos independizamos y creamos nuestra ópera prima: El Laberint. Una instalación en la que el personaje está perdido en el laberinto e intenta desbloquear todos los elementos para buscar la salida. Y en ese papel hemos metido al público, sin que él se de cuenta.
¿Qué se va a encontrar el público que se acerque a la Ciudadela?
El Laberint es una instalación participativa pura. Su peculiaridad es que es un artefacto teatral que no cuenta con presentador ni nada por el estilo. Te lo encuentras en medio de un espacio público y despierta curiosidad. Es un laberinto semi transparente, a simple vista con un volumen poco denso, con muchas puertas y gran cantidad de mecanismos que invitan al público a desbloquearlos y avanzar. Incita a la curiosidad ya la poética de la mecánica.
¿Engancha?
Una vez que estás dentro, te dejas seducir por la materia y tocas todos los mecanismos. No dejas de manipular imanes, poleas, cuerdas… Es un conjunto de mecanismos que te acaba enganchando a la estructura y que hace que el objetivo cambie: ya no quieres salir sino tocar.
¿Cómo surgió esta instalación?
Queríamos rescatar las primeras impresiones que nosotros tuvimos como público. Ser parte activa del espectáculo, partícipes de la obra. Establecer una complicidad con el público. Porque el Laberint sin el público no es aún una obra, no es espectáculo, está incompleto. Necesita de la interacción del público para convertirse en un espectáculo completo.
¿Por qué no habría que dejar de perderse por el Laberint?
Por un montón de cosas… Es una obra que, durante veinte años, ha dado la vuelta al mundo. Es la primera vez que llega a Pamplona y es uno de los iconos de la instalación participativa en el teatro de calle de Cataluña. Además, tiene la emoción de la poética que puede tener lo sencillo, en el sentido de que se compone de materiales como la madera o el hierro.
Esta es su primera vez en Navarra…
Así es. El 20 y el 21 de junio, estaremos en la Ciudadela de Pamplona y es nuestra primera vez en Navarra y también la primera vez de esta instalación. Tenemos un gran recorrido por Europa, pero muy poca experiencia en festivales nacionales. Por eso, para nosotros es muy «guay» estar en este festival, porque sabemos que en España hay mucho público interesado en este tipo de montajes.












