¿Cómo se escribe una obra de teatro? Maite Redin nos lo cuenta…
Iciar Irurtia Orzaiz
Fue en plena adolescencia cuando una obra de Antonio Gala despertó su pasión por la interpretación. La historia de Adelaida, en «La vieja señorita del paraíso» la cautivó por completo. No sabe si fueron los cuarenta años que la Señorita esperó al hombre que le salvó de un accidente o su proclamación del amor libre y la libertad individual, pero su lectura le llevó a tener muy claro que el teatro sería su vida. Maite Redin Orzaiz (Pamplona, 1969) es dramaturga, directora y actriz y, desde hace más de veinte años, socia de Tdiferencia , una cooperativa de artes escénicas radicada en Navarra. Desde sus inicios en el mundo de las artes escénicas -formada en la ENT/NAE- Redin ha trabajado como actriz a las órdenes de directores como Miguel Molina, Ramón Vidal, Andrés Lima o Garbi Losada . Como dramaturga, dos de sus obras han sido finalistas en los Premios de Teatro Musical celebrados en Madrid y ha dirigido más de una treintena de montajes. Actualmente, se encuentra inmersa en la dirección del próximo estreno de la compañía – La Brubuja disléxica – pero su gusto por la escritura no descansa y su creatividad -siempre a flor de piel- seguro que ya maquinan un nuevo montaje.
Porque de contar historias Maite Redin sabe mucho… En su haber se cuentan más de una veintena de obras -para público adulto, infantil, joven y familiar- dirigidas también por ella y todas con muy buena acogida. Por eso, hoy hablamos con ella sobre el proceso de creación de una obra. Sus fuentes de inspiración, el tiempo estimado de escritura, la construcción de los personajes y su influencia en la creación de la historia.
«A veces, las ideas de las obras surgen, simplemente, de una imagen bonita o sugerente. Ver a dos personas por la calle en una situación concreta te pueden llevar a pensar en qué les ha llevado a ese momento, de dónde vienen o a dónde van a ir; y todo ello se puede convertir en la semilla del inicio de una obra», explica con naturalidad Maite Redin. Por eso, su mente no descansa… Ni en un paseo por el campo, en una visita a la ciudad, en una ajetreada mañana de compras, disfrutando de la playa o escuchando las noticias. Porque, también la actualidad marca la creación y el desarrollo de sus obras. «Muchas veces yo ya sé de qué quiero hablar, porque hay cosas en mi mundo que me inquietan o me preocupan. Y, ante la angustia de pensar que no puedo hacer nada para solucionarlo, me doy cuenta que, al menos, puedo escribir sobre ello y exponer la situación « , asegura. Por ese motivo, todas sus obras encierran un marcado carácter social y hablan de los temas que a Redin más le preocupan: la violencia de género, la defensa de la diversidad, el freno a la discriminación y la desigualdad. Sus preocupaciones se convierten en su fuente de inspiración.
Cuenta Redin que no es capaz de determinar el tiempo que dedica a la escritura de un libreto. Porque en alguna ocasión ha dedicado un lustro y, otras veces, ha concluido una obra en apenas tres semanas. «El tiempo es muy relativo. Hay obras que me han costado cinco años, porque las cogía y las dejaba veinte veces- y otras han fluido solas. Era sentarme en el ordenador escribir y, para cuando me daba cuenta, estaba terminada», confiesa. Según cuenta, en este hecho influye de buena manera el personaje porque, asegura, «a veces, van solos». «Yo no pienso qué van a decir. Es como si cobraran vida, empezaran una conversación y no callaran. Y yo solo me encargo de transcribir lo que ellos dicen… «. Por eso, la dramaturga no puede evitar emocionarse, reírse o llorar. Porque, en ese proceso, ella se convierte en público y es capaz de vibrar como si estuviera en el patio de butacas. «Decirlo así suena muy loco, porque parece que estoy chalada… Pero, de verdad, que hay muchas veces que yo ya no estoy pensando en qué va a decir uno y otro personaje. Ellos fluyen, sin más. Yo ya me estoy imaginando esa historia, esa aventura, esa escena y ya estoy fuera viendo pasar las cosas y disfrutando de la historia».
«Decirlo así suena muy loco, porque parece que estoy chalada. Pero hay veces en que ya no pienso en qué van a decir los personajes: fluyen solos»
También el elenco artístico que dará vida a los personajes de su historia influye en gran medida en la redacción de sus historias. Porque la construcción de esos personajes viene marcada por los actores o las actrices que los encarnarán sobre el escenario. «La mayoría de las veces, escribo los personajes a medida, porque lo hago pensando en mi compañía». Por este motivo, Maite Redin apunta que, muchas veces, los y las protagonistas de sus historias «tienen cara y voz». «En algunas ocasiones, eso me ayuda mucho. Pero, también, no tener identificado al personaje con el actor o la actriz que le dará vida, me da mucha libertad». Cuenta además Redin que el actor o la actriz puede «romper los esquemas» de la dramaturga y directora. «Porque, si es una intérprete buena, puede construir un personaje mucho más rico, con más aristas, más dudas y más humano. Mejor de lo que tú has escrito». Y, añade, ahí se presenta un el reto de la autora de ser flexible y dejar que un personaje que no ha construido en su cabeza se convierta en el PERSONAJE. «Ese es uno de los aprendizajes más importantes en la dirección: cuantos más años cumples, más ves, más quieres que el actor y la actriz te den y más libres son los personajes», concluye.
La dramaturga, directora y actriz pamplonesa crea la mayoría de sus obras para su propia compañía y es también ella quien se encarga de la dirección de su puesta en escena. «Tengo mucha suerte, porque escribo obras de teatro que sé que se van a estrenar y van a llegar al público. Soy una privilegiada y por eso, desde que comienzo la escritura ya estoy pensando en cómo quiero dirigirlo y a dónde lo quiero llevar».













