Entrevista con Ainhoa Ruiz, autora e intérprete de «La Brubuja disléxica» : «No he querido convertir la dislexia en un problema, sino abordarla de una manera lúdica»
Iciar Irurtia Orzaiz
En la nueva producción de Tdiferencia, Ainhoa Ruiz Aisa tiene un protagonismo doble. Porque además de ser la autora del texto, la actriz estellesa será la encargada de dar vida a la protagonista. No cabe duda de que este estreno será para ella más especial si cabe. Encanará a la Brubuja disléxica en su debut como autora teatral, el próximo 25 de octubre , en el E spacio Cultural Los Llanos , en Estella. A poco más de un mes de su estreno sobre las tablas, hemos hablado con Ainhoa Ruiz sobre la obra, el proceso creativo, sus fuentes de inspiración y la construcción del personaje.
¿Cómo nace La Brubuja disléxica ?
Nace un poco de un reto personal. En Tdiferencia todos los años nos planteamos nuevos objetivos, cosas que no hemos hecho antes y que nos apetece probar. Yo llevaba tiempo queriendo escribir un texto teatral y me propuse que este fuera el año en el que dejara de decir “algún día” y me pusiera a hacerlo. La idea concreta surgió en la Ikastola de mis hijos. Hay muchos niños y niñas con dislexia y es un tema que trabajan con mucha naturalidad en clase. Eso me hizo pensar que sería bonito abordarlo también desde el teatro, pero de una manera lúdica, sin convertir la dislexia en un problema. Quería que fuera una aventura divertida y que la dislexia formara parte del personaje y de todo lo que sucede.
¿En qué o en quién te inspiraste?
No hay una persona concreta en la que esté basada la Brubuja . Hay pequeñas cosas que vienen de la realidad, de observar a niños y niñas, de conversaciones, de situaciones cotidianas y, por supuesto, de la experiencia de Maite. Pero sobre todo me interesaba construir un personaje que no estuviera definido por su dislexia . La Brubuja es disléxica, sí, pero también es divertida, impulsiva, imaginativa, un poco desastre y muy cabezota. Y precisamente algunas de las cosas que, en principio, parecen complicarle la vida terminan generando situaciones inesperadas y convirtiéndose en parte de su particular manera de resolver los problemas.
¿Qué factores influyeron en tu momento creativo?
Saber desde el principio que aquello que estaba escribiendo podía terminar encima de un escenario. Mientras escribía no pensaba únicamente en palabras: pensaba en acciones, en juegos, en movimiento, en la reacción de los niños y niñas… También influyó mucho mi propio trabajo como actriz y todos estos años haciendo teatro para público familiar. Conoces bastante bien con qué ríen, cuándo empiezas a perder su atención o cómo favorecer la participación. Todo eso acaba entrando en la escritura. Y luego está el propio lenguaje. La dislexia me daba la posibilidad de jugar muchísimo con las palabras, los conjuros, las equivocaciones y los dobles sentidos. Ese juego ha terminado siendo una de las señas de identidad de la obra.
No quería presentar un personaje al que hubiera que ayudar porque tiene dislexia, sino al que niños y niñas quisieran ayudar. Que vieran a una protagonista que vive una aventura, se equivoca, se enfada, se ríe de sí misma, busca soluciones y sigue adelante.
¿Cómo construiste el personaje?
Quería alejarme del personaje de bruja tradicional. La fui construyendo desde sus contradicciones, sus miedos, su inseguridad. Quiere hacer las cosas bien, pero muchas veces le salen de otra manera. Se equivoca, cambia palabras, altera los conjuros… pero a pesar de esto para mí era importante que el público no se riera de ella ni sintiera pena por ella. No quería presentar un personaje al que hubiera que ayudar porque tiene dislexia sino al que quisieran ayudar. Quería que los niños y niñas vieran a una protagonista que vive una aventura, se equivoca, se enfada, se ríe de sí misma, busca soluciones y sigue adelante.
¿Qué surgió primero: la historia o la temática que querías abordar?
Primero surgió claramente la temática. Sabía que quería hablar de dislexia y hacerlo desde el humor y desde una mirada positiva. Después apareció la bruja y ahí empezó realmente la historia. Una bruja disléxica tenía muchas posibilidades teatrales porque las brujas trabajan precisamente con palabras: fórmulas, hechizos, conjuros… ¿Qué ocurre cuando una bruja cambia una palabra de un conjuro, altera el orden de las letras o dice algo distinto de lo que pretendía decir? A partir de esa pregunta empezó a crecer todo lo demás.
¿Cuánto hay de ficción en esta obra?
La historia es ficción, pero está construida sobre situaciones y emociones muy reales. Las equivocaciones, la frustración cuando algo no sale como esperabas, sentir que otras personas hacen fácilmente algo que a ti te cuesta, buscar tu propia manera de resolver un problema… todo eso es completamente real y, además, no pertenece exclusivamente a las personas con dislexia. Creo que cualquiera puede reconocerse en algún momento en la Brubuja.
¿Cuánto tiempo te llevó escribirla?
Es difícil ponerle un tiempo exacto porque no fue sentarme un día, empezar y terminarla unas semanas después. Hubo una primera escritura y después mucho trabajo de revisión para modificar la duración, los ritmos del personaje, las emociones… Además, el texto sigue en transformación. Un texto teatral puede cambiar muchísimo cuando deja el ordenador y entra en una sala de ensayo. Hay cosas que escritas funcionan perfectamente y cuando las haces en escena descubres que necesitan otro ritmo; y otras que aparecen jugando durante los ensayos y terminan incorporándose al espectáculo. Así que podría decir que escribir el primer texto tuvo un tiempo determinado, pero que La Brubuja se sigue escribiendo todavía.
¿Cómo está evolucionando desde su nacimiento hasta su estreno?
Muchísimo. Y creo que esa es una de las cosas más interesantes del teatro. Al principio era mi texto y unos personajes sobre el papel. Después entra Maite Redin -como directora y con su imprescindible mirada como persona disléxica-, entran las bailarinas, la música, la escenografía, el vestuario, la iluminación… Y cada persona aporta una capa nueva. También hemos ido descubriendo cosas de la propia Brubuja durante los ensayos. Hay gestos, silencios, reacciones o maneras de decir una frase que no estaban escritas y que ahora forman parte del personaje. El texto es el punto de partida, pero el espectáculo final es necesariamente una creación colectiva.
El texto es el punto de partida, pero el espectáculo final es necesariamente una creación colectiva.
Como actriz principal de la obra, ¿cómo ha influido eso en la escritura?
Muchísimo, porque inevitablemente escribes desde tu cuerpo y desde tu manera de estar en escena. Conozco mis recursos como actriz, sé qué tipo de relación me gusta establecer con el público y me siento muy cómoda rompiendo la cuarta pared y jugando con la respuesta de los niños y niñas. Todo eso está presente en el texto.
Pero también tiene una parte complicada: cuando eres autora puedes enamorarte de una frase y pensar que es imprescindible y, sin embargo, cuando eres actriz descubres que no funciona. Por eso, me parece imprescindible el papel de la directora y su visión exterior de lo que estas haciendo. Ahí es muy importante separar los papeles. Cuando entramos en la sala de ensayo, Maite dirige y yo soy la actriz. Y creo que eso hace crecer mucho el espectáculo.
¿La escribiste pensando en dar vida a la protagonista?
Sí y no. Cuando empecé a escribir sabía que probablemente sería yo quien interpretara a la Brubuja , así que inevitablemente hay cosas escritas pensando en mi forma de trabajar y en los recursos que tengo como actriz. Pero no quería escribir “un personaje para Ainhoa”. Quería crear un personaje que tuviera entidad propia. Está ocurriendo algo que me encanta. La forma de hablar y moverse de la Brubuja me sacan totalmente de mi zona de confort como actriz. Tengo que controlar muchísimo lo que hago y eso hace que sienta que realmente estoy creando un personaje nuevo y especial.
«La Brubuja disléxica» se estrena el 25 de octubre , en el Espacio Cultural Los Llanos . Por la mañana en euskera y por la tarde en castellano. Este proyecto cuenta con el apoyo del Gobierno de Navarra , a través del programa Artem Pro y de Laboral Kutxa .













