Pedagogía y teatro se dan la mano en un ensayo de «La Brubuja disléxica»
Iciar Irurtia Orzaiz
A cuatro días del estreno, compartieron su proyecto con profesionales de la Educación. Quisieron que su obra pasara el filtro de tres maestras de pedagogía terapéutica antes de que La Brubuja disléxica se presente ante el público en el Espacio Cultural Los Llanos de Estella-Lizarra , este domingo. Así, en el local de ensayos de Puente la Reina se convirtió en un improvisado teatro en el que las educadoras disfrutaron de la puesta en escena de una obra, dirigida a público familiar, en el que la dislexia, la ternura y la empatía son protagonistas.
Antes de que arrancara la representación, Maite Redin -directora del montaje- puso en antecedentes a las espectadoras. «Esta obra nació en una reunión de trabajo, en la que mis compañeras se percataron de mi manera de tomar notas: rodeando las palabras con círculos, especie de burbujas o «brubujas». Comenzó así la broma y surgió La Brubuja disléxica «, les contó Redin. Coincidió, además, con la celebración del Día Internacional de la Dislexia y Ainhoa Ruiz recibió «información extra» sobre este trastorno del aprendizaje de la mano de sus hijos, que trabajaron este tema en la ikastola. «Todo eso unido a que este año me había propuesto escribir mi primer texto teatral hizo que naciera La Brubuja disléxica «, confesó la autora del libreto.
Después, Ruiz desapareció tras la escenografía para cambiar de vestuario y dar vida a Brubuja mientras las educadoras esperaban el inicio de la función. Se apagaron las luces, comenzó a sonar la música y empezó la representación. Entre letras, conjuros, magia y danza, las palabras de Brubuja resonaron con fuerza: «No hay nada roto en mí, no tengo nada que cambiar; las letra bailan para mí, aprenderé a hacerlas volar. Ese es el verdadero antídoto para la dislexia». Y, también las de la directora, Ritmilda Contratempus: «Cree que tu cerebro se despista… Pero hay un mundo diferente despertándose en ti… Hay mil formas de enseñar y mil formas de aprender». La Brubuja disléxica/Brubuja dislexikoa habla de diversidad y empatía; dislexia, incomprensión y esfuerzo. Por eso, Elena Aguilera Villalobos, Yolanda Contreras Orzaiz y Blanca Ester Razquin Ijura maestras de Pedagogía Terapéutica disfrutaron de lo lindo. Aplaudieron la puesta en escena pero, sobre todo, la temática del montaje. «Esta obra tiene que llegar a todos los centros educativos y, por supuesto, al profesorado», coincidieron. Porque se trata de un espectáculo que muestra de una manera divertida y accesible que es la dislexia y cómo se sienten las personas con ese diagnóstico.
«Cuando yo le cuento a mi alumnado que tengo dislexia, se sorprende mucho», reconoció Elena Aguilera. Contó que ella les muestra un cerebro y les explica que si no existiera la lectura y la escritura, tampoco se hablaría de dislexia. «Porque tenemos el mismo cerebro antes de aprender a leer y a escribir. Por eso les digo que van a conseguir todo lo que quieran, pero con un poco más de esfuerzo». Y es también por esa razón por la que sugirió que el montaje se completara con esa apreciación. Eso sí, sin dejar de valorar el esfuerzo que realizan en su aprendizaje todas las personas que tienen dislexia. «Que sea la directora quien se lo diga, pero reconociendo que ya se esfuerza mucho y que, de esa manera, lo va a conseguir. Y mostrar, también, que hay que entenderle para así poder esperarle».













