Diario de un estreno: La Brubuja disléxica emocionó en Estella
Iciar Irurtia Orzaiz
La mañana del 25 de octubre amaneció fría y soleada. Con una hora más de sueño, la furgoneta de Tdiferencia partió hacia Estella de vacío -la escenografía llenaba el escenario del Espacio Cultural Los Llanos desde el día anterior- pero repleta de ilusión, muchos nervios y unas ganas enormes de presentar el formato mediano de La Brubuja disléxica/Brubuja dislexikoa ante el público de Estella. Por eso, pasadas las nueve de la mañana, el equipo ya cruzaba el parque de Los Llanos, camino del espacio cultural, dispuesto a dejar todo listo antes del estreno.
Así que, nada más cruzar la puerta de acceso al centro cultural, el equipo saltó al escenario. Para ajustar posiciones, terminar de definir la iluminación y repasar el texto del espectáculo en euskera. La ilusión y los nervios flotaban en el ambiente y en apenas un par de horas, el elenco artístico corrió al camerino a prepararse para el estreno. Casi una hora antes de saltar al escenario, Ainhoa Ruiz -Brubuja- ya lucía su vestido aterciopelado y sus mediadas rayadas y las bailarinas -Maitane Arrikaberri y Maddi Eraso- se calzaban medias y maillot. Y mientras Maite Redin -directora- y Mitxel Santamarina -ayudante de dirección- les dieron las últimas indicaciones, las artistas terminaron de acicalarse frente al espejo. Con pelo recogido las bailarinas y dos pequeñas trenzas sobre pelo suelto, Brubuja, un divertido maquillaje y la adrenalina a flor de piel, el elenco artístico ocupó el escenario, a la espera de que el personal técnico subiera el telón.
Y fue en ese preciso momento cuando se desató la magia. Arrancó la primera función de La Brubuja disléxica , con una composición musical y una iluminación de lo más cuidadas. Una Brubuja tierna, divertida y muy cercana y dos delicadas bailarinas que con sus suaves movimientos ayudaron a la protagonista a contar su historia. El elenco conectó con el público y los aplausos se desataron antes de que el escenario se escondiera detrás del telón.
A la primera función le siguieron un baño de multitudes a la entrada del Espacio Cultural Los Llanos, muchos abrazos, fotografías y mucho cariño. Superaron con éxito la primera prueba -estreno en euskera- y satisfechas y muy emocionadas, volvieron al camerino para dejar el personaje por un rato y recuperar fuerzas antes de la segunda función. El almuerzo no sólo sirvió para alegrar estómagos, porque directora y ayudante aprovecharon la distensión del momento para trasladarles algunos apuntes y, también, para aplaudir su actuación. El tiempo transcurrió rápido y, después de relajarse un rato bajo el sol de otoño, el equipo regresó al camerino. A seguir con el mismo ritual: vestuario, peinado y maquillaje. Calentamiento, concentración y nuevos nervios antes de salir al escenario. De nuevo, el público se volcó con la obra. Se divirtió con la historia, empatizó con Brubuja, le ayudó a preparar su conjuro, vibró con la música y disfrutó del espectáculo. El aplauso que acompañó el cierre del telón lo dijo todo. Por la tarde también hubo aplausos, abrazos, flores y fotografías. Y, después, una vez que el público abandonó el espacio y la luz volvió a iluminar el patio de butacas, tocó desmontar escenografía, recoger atrezzo, iluminación y vestuario. Y, después de cargar la furgoneta, caída ya la noche, el equipo partió de regreso a casa. Cansado pero, también, contento y emocionado. ¡ La Brubuja disléxica ya ha comenzado a girar!













